Alejandría, Alejandría…eso es; una ciudad, que aunque contaba con asentamientos de grupos de pescadores ya en el segundo milenio antes de Cristo, se fundó propiamente en el año 331 A.C. por el mismisimo Alejandro Magno (de ahí deriva su nombre). Desde aquellos tiempos hasta hoy, Alejandría ha sido protagonista de una historia trepidante y escenario del paso de numerosas civilizaciones: tras Magno, los Ptolomeos (hasta llegar a la última: Cleopatra), entonces romanos, la introducción del cristianismo, bizantinos, y éstos, sucedidos por otomanos y árabes en último lugar. Además de estas civilizaciones, Alejandría ha sido siempre extremadamente influenciada por Italia, Francia, España o Grecia tanto en su lenguage-por ejemplo, dicen “merci” para darte las gracias y te piden un “gelato”, a diferencia del resto de Egipto- como su arquitectura u otras formas de arte. Y es que Alejandría se caracteriza respecto del resto de Egipto por un clima benigno y fresco, un mar radiante, una mentalidad ligeramente más liberal, un lenguaje cargado de vocablo extranjero, una estructura educativa desarrollada , y su ambiente mediterráneo.
En esta ciudad podemos encontrar atisbos de edificios griegos e italianos, parques a la française, y arquitectura victoriana, además de escuelas francesas, italianas, o griegas o italianas y en otras partes de la ciudad, zocos al más puro estilo egipcio. Otro hecho muy curioso; calles para cada gremio: una calle para repuestos de coches, otra para madera, otra para libros, otra con restaurantes de pescado exclusivamente… Si a ello, añadimos la Biblioteca de Alejandría, sus numerosos centros de estudios, una tasa de desempleo de sólo el 5% y una alta tasa de ocupación de la población fememenina obtenemos una ecuación con “ciudad con alta calidad de vida dentro de Egipto” como resultado.
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